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ENTRE TRADICIÓN Y RENOVACIÓN, LAS NUEVAS SOCIEDADES

Redacción M+Group - Sebastián Piedrahita, arquitecto coordinador 
Fecha: 15-05-2020

Foto de Pixabay

 


Como seres humanos poseemos varias capacidades, una de ellas es la gran adaptabilidad que tenemos. A lo largo de la historia los brotes de enfermedades han obligado a la creación de nuevas innovaciones en el diseño urbano. Partiendo de este concepto, la gran pregunta que me surge es ¿realmente estamos entendiendo el problema al que nos enfrentamos actualmente? ¿estamos observando y reflexionando adecuadamente?

Si yo le preguntara al lector ¿qué es un arquitecto? ¿cuál es nuestro papel en la sociedad? Qué es lo primero que se le vendría la cabeza… Pues bien, en mi opinión, nosotros los arquitectos más allá del don que poseemos de crear espacios, somos generadores de necesidades, tenemos la habilidad para visualizar cosas que aún no existen, somos visionarios y solucionadores de problemas.

Para entender el momento que vivimos hay que enfocar el problema, hay que observar el comportamiento de las personas, no solo en su núcleo primario, sino en su comportamiento comunitario. Debemos escuchar lo que la ciudad nos dice, esto sin duda nos llevará a una gran reflexión acerca del problema y del cómo deberíamos responder a él.

Creo que atravesaremos varias fases para identificar la realidad en la que estamos inmersos.  Primero debemos entender que hasta ahora las personas eran libres, podían salir a distraerse, ir al trabajo, hacer vida social y vivir en comunidad, que sin duda es lo que más nos afecta hoy. Somos una especie que necesita del otro, que hacetrabajo colaborativo, es aquí donde situaría la primera fase, en el entendimiento.

 

Luego vendría una fase de transición, donde nos reincorporaremos a una nueva dinámica social con nuevos retos y necesidades que partirán de lo práctico. En la tercera fase  es donde tendremos la vacuna, será un tiempo de autogestión y retorno de una vida más común. Finalmente viviremos una cuarta fase: las personas tendremos que perder el miedo que trajo consigo el virus para que paulatinamente volvamos a nuestra esencia como seres humanos. 

Lo maravilloso de nuestra especie es que tenemos la capacidad de adaptarnos a diversas situaciones, somos flexibles, imaginativos, recursivos e inteligentes. Todas estas características debemos incorporarlas a  los diseños arquitectónicos, y así humanizar los espacios, entendiendo el ejercicio del arquitecto desde la necesidad puntual de la persona para dar paso a una arquitectura adaptable que sea coherente con  nuestro ADN. 

Seguramente encontraremos espacios de oficinas con menos ocupación. Espacios que van a mutar para ser más individuales en referencia a zonas de trabajo, pero con mayores zonas de esparcimiento. Aparecerán sin dudad nuevas oportunidades de las cuales  debemos aprender para generar mayor confianza en las personas.

Esta confianza si bien es un concepto subjetivo como la verdad o la seguridad, la debemos reforzar no solo con la aplicación de nuevas tecnologías, que sin duda serán un actor principal en todo este nuevo desarrollo de ciudad y de comportamiento humano, sino que debe partir de nuestra autogestión como personas y, como paulatinamente a través de los recursos, irán retomando la cotidianidad, para así nuevamente ver densidad en las calles, en los centros comerciales, en los parques.

 

Como seres humanos necesitamos de las ciudades, es nuestra mayor creación como especie, es allí donde convivimos, nos realizamos como personas, hacemos trabajo colaborativo. Volveremos a la normalidad con nuevos comportamientos, necesidades, y  conceptos de ciudad. Tendremos que enfrentar los nuevos retos que plantean los diferentes escenarios y dinámicas evolutivas que va imponiendo el ritmo de la civilización.

 

Si hay algo que hemos reafirmado a lo largo de la historia es que lo único realmente constante es el cambio. Han pasado ya 5.500 años desde que nuestra especie  diseñó la primera ciudad de la historia construida sobre territorio mesopotámico. En “Uruk”, surgió la primera gran arquitectura monumental, la primera planificación territorial, la primera escritura de la historia y la primera contabilidad, sin embargo el concepto de ciudad de aquella época era muy diferente al de nuestros días.

 

Uruk, no poseía calles, ni andenes, las casas estaban pegadas unas a otras pared a pared y la única forma de entrar era por una abertura en el tejado, adentro de ellas había un solo espacio que servía de dormitorio, sala y cocina a la vez, los espacios decorados probablemente con cabezas de bisontes y murales rupestres pintados de escarlata, daban los primeros pasos de lo que sería el primer diseño de interiores de la historia de la humanidad. Los habitantes de Uruk, ni en sus sueños más oníricos hubieran podido vislumbrar ciudades como Dubái, Londres o Nueva York, así como es igualmente de difícil para nosotros imaginar lo que serán las tendencias arquitectónicas adoptadas de forma global para el año 3.020.

La evolución en los conceptos de cuidad y la arquitectura, están siendo moldeados día tras día por nuestros temores, nuestros sueños, por nuestras necesidades evolutivas como especie, por la forma como afrontamos los retos y como los vamos superando, por nuestros deseos y nuestras añoranzas, nuestra esperanza y todas nuestras nociones de visión, servirán como insumos para que las próximas generaciones los utilicen para dar forma a esas estructuras materiales impregnadas de ADN humano que hoy conocemos con el nombre de ciudad.

 

"Si hay algo que hemos reafirmado a lo largo de la historia es que lo único realmente constante es el cambio. Han pasado ya 5.500 años desde que nuestra especie  diseñó la primera ciudad de la historia construida sobre territorio mesopotámico"
 

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